Tres aplicaciones que trabajan juntas: la vidriera que toma los
pedidos, el tablero que los produce y los cobra, y la calculadora que asegura
que cada uno deje dinero.
Catálogo con carritoFechas validadasTablero de pedidosSemana de producciónSeñas y cobranzasGastos y ganancia netaRecetas y costosMargen por productoPrecio sugeridoAndando en el celular
Catálogo con carritoFechas validadasTablero de pedidosSemana de producciónSeñas y cobranzasGastos y ganancia netaRecetas y costosMargen por productoPrecio sugeridoAndando en el celular
Desde que empezó con el sistema, Clementina
aumentó un 80% sus ganancias.
No es magia del software. Pasó algo más simple: empezó a saber cuánto
le deja cada producto. Con el costo real de cada receta a la vista, los
precios dejaron de salir de una estimación, y lo que se vendía perdiendo
dinero se dejó de vender así.
Y para ser claro: el sistema puso los números y
la vidriera. El trabajo constante en redes y la mano de ella hicieron el
resto.
“Tenés que probarlo. Vas a ver lo práctico que es y cómo te resuelve muchos
problemas, todo en un solo lugar.”
El desorden no se ve en la caja, se ve a fin de mes
Una pastelería chica pierde dinero en cuatro frentes a la vez, y
ninguno prende una alarma. Aparecen todos juntos, recién cuando se hace la
cuenta del mes.
El pedido se arma a mano, en veinte chats
Precios que se dictan de memoria, “¿era de 20 o de 24?”, la seña que no se
sabe si entró. Cada ida y vuelta es una chance más de que algo salga mal.
La producción se planifica de memoria
Para saber qué hay que cocinar mañana hay que releer la agenda entera.
Y si el cuaderno quedó en el local, no hay con qué trabajar.
La lista de precios no se actualiza
Sube la harina, sube el dulce de leche, y el precio queda igual tres meses.
Se termina vendiendo mucho de lo que menos deja.
Los gastos no se anotan en ningún lado
Se sabe cuánto entró; lo que salió, casi nunca. La ganancia del mes
termina siendo una sensación, no un número.
La solución
Tres piezas, un solo sistema
No son tres programas sueltos que hay que conectar a mano: son
tres momentos del mismo pedido. Lo que se carga en uno aparece en el otro.
1
Lo mira el cliente
Catálogo web
Vidriera pública con fotos, precios y fechas. El cliente arma el pedido
completo y lo confirma solo, sin preguntar nada.
Las pantallas de esta web son las del sistema de verdad, con la marca de
Clems; en tu negocio va la tuya. Lo único de ejemplo son los nombres y
los montos.
Leer cómo fue el cambio, día por día
Inversión
Cuánto sale
Una puesta en marcha y un abono mensual. Sin comisiones por venta,
sin contrato de permanencia y sin sorpresas. Se puede arrancar por una parte y
sumar el resto después, pagando sólo la diferencia.
Vidriera
$390.000+ $60.000 por mes
Se paga una vez y se puede dividir en hasta 2 pagos. El abono arranca al segundo mes.
Sólo el catálogo web. Para el que hoy vende bien pero pierde
el día contestando precios por mensaje.
Los valores se actualizan cada seis meses; el precio que se acuerde al
firmar queda fijo hasta la siguiente actualización.
Qué incluye cada pago
Lo adapto a tu negocio
Lo que ves acá se ajusta a tus productos, tus tiempos de elaboración, tus formas
de cobro y tu identidad visual. Empezamos por una reunión de media hora para ver
cómo trabajás hoy, y la carga inicial de tus productos la hago yo: no vas
a tener que frenar la cocina ni un minuto para dejarlo funcionando.