No es una maqueta: está funcionando
Casi todo lo que se muestra en una propuesta de software todavía no existe. Esto se puede abrir y usar ahora mismo, sin pedirme permiso.
Entrar al catálogo y armar un pedido
Podés llegar hasta el final del pedido y no mandarlo. Nadie se entera.
Desde que empezó con el sistema, Clementina casi duplicó sus ganancias.
No es magia del software. Pasó algo más simple: empezó a saber cuánto le deja cada producto. Con el costo real de cada receta a la vista, los precios dejaron de salir de una estimación, y lo que se vendía perdiendo plata se dejó de vender así.
Lo otro es cómo se ve el negocio. Un catálogo propio, con las fotos, los precios y las fechas, y un pedido que llega ordenado, se leen como una pastelería seria. Eso cierra pedidos que antes se caían.
Y para ser claro: el sistema puso los números y la vidriera. El trabajo constante en redes y la mano de ella hicieron el resto. Sin eso, un catálogo lindo es un catálogo que nadie mira.
Lo usa ella sola, desde el celular
Clementina no es técnica y no tiene a nadie al lado. Abre el tablero todos los días: en la cocina desde el teléfono, con las manos ocupadas, y de noche desde la computadora para mirar la semana que viene.
- Sin manualla capacitación fue el primer mes; después, sola
- Sin nadie de sistemasno hay un técnico dentro del negocio
- Todos los díasdesde julio de 2026, sin volver al cuaderno
“Ahora todas las noches chequeo las tareas del día siguiente y de la semana.”
Los nombres y los montos de esta pantalla son de ejemplo. La aplicación es la real.
Qué cambió, en concreto
No es «digitalizar por digitalizar». Son cosas que antes se hacían a mano, o directamente no se hacían.
Los pedidos se anotaban en las notas del celular
El cliente arma el pedido solo y cae en una bandeja
La producción del día siguiente salía de releer la agenda entera
La semana de producción se arma sola, sumada por producto
Los precios se dictaban de memoria por mensaje
El precio publicado es el mismo que calcula el sistema
Las señas y lo cobrado se mezclaban
Lo pactado y lo cobrado van separados, pedido por pedido
Los gastos no se anotaban en ningún lado
Facturado, gastado y lo que queda, en una pantalla
El costo de cada producto era una estimación
El costo sale de la receta y del precio de cada insumo
Cómo fue
No se entregó todo junto. Se arrancó por la vidriera, que era lo que más dolía, y el resto se sumó cuando la anterior ya estaba en uso.
El catálogo
La vidriera pública con las fotos, los precios y el carrito. Se cargaron los productos con sus medidas y sabores, y las reglas del negocio: cuántos días de anticipación pide cada cosa y qué días no se elabora.
El gestor de pedidos
El tablero, el calendario y la semana de producción. Acá es donde cambió el hábito: el pedido dejó de ser un mensaje suelto y pasó a tener un estado.
La plata
Señas, cobranzas y gastos. Es lo que convirtió «cuánto entró» en «cuánto quedó», que es el número que sirve para decidir.
El gestor de costos
Las recetas cargadas sobre los ingredientes, con su costo real. Desde ahí se decide el precio de venta, y con un botón sale a la vidriera.
Andando todos los días
Del celular y de la computadora, por la misma persona, sin nadie al lado.
“Lo anotaba todo en notas: la fecha, el producto, el nombre de la persona, todo a mano. Se me pasaban pedidos, o me olvidaba de que tenía que entregar una torta. Ahora todas las noches chequeo las tareas del día siguiente y de la semana.”
“Tenés que probarlo. Vas a ver lo práctico que es y cómo te resuelve muchos problemas, todo en un solo lugar.”
Las dos frases están tal cual las escribió. No hay ningún testimonio inventado en esta web.
En otra pastelería cambian los productos y las recetas; la maquinaria es la misma.
Lo adapto a tu negocio
Tus productos, tus tiempos de elaboración, tus formas de cobro y tu identidad visual. Empezamos por media hora de charla.